"MIRAR COMENTARIOS SOBRE LOS FALANGISTAS Y LA FALANGE"
CON tan buen sentido como lentitud de reflejos, tras once días de okupación, la Policía autónoma catalana ha procedido al desalojo de Can Ricart, las viejas instalaciones fabriles en las que habían encontrado albergue los integrantes del colectivo La Makabra. En la historia okupa de Barcelona es un suma y sigue, uno de los pasos adelante que anuncia otros dos atrás de los grupos que, en desprecio de la propiedad privada y ante la complacencia bobalicona de notables sectores de la burguesía, van dinamitando el orden establecido. Al hilo de los acontecimientos, la ministra de Vivienda, la inefable María Antonia Trujillo, muy lejos de manifestar su repulsa ante tan fea costumbre, ha dicho que los okupas representan una «forma de vida alternativa». En España, ahora que estamos rendidos a la Historia, no está de más recordar que el Ministerio de la Vivienda es uno de los inventos con intención social de la política de Francisco Franco. Lo curioso es que sus titulares -José Luis Arrese, José María Martínez y Sánchez Arjona y Vicente Mortes- fueron falangistas de pura cepa y no tecnócratas como, en otros ministerios de carácter económico, buscó el dictador. Esa selección ideológica de los ministros del ramo habla del contenido propagandístico de un ministerio de tal especialización en un marco -teórico- de economía de mercado. También dice, y mucho, del sesgo izquierdista de Falange, que, en la mala interpretación del presente, se retrata -¡qué barbaridad!- como una fuerza de extrema derecha. A José Luis Rodríguez Zapatero le dio por reinventar el Ministerio de la Vivienda, algo sospechoso, y colocó en él a la señora Trujillo, que, en una oficina sin competencias -prácticamente todas las que podrían atribuírsele han sido transferidas a las Autonomías-, tiene el mérito de hacernos reír. No alivia los problemas que se corresponden con su titularidad; pero nos entretiene y eso, en tiempos decaídos de entusiasmo, no es poca cosa ni servicio menor. Dicen sus próximos que la razón de su estatus no es otra que la obsesión paritaria con la que se realiza el presidente del Gobierno. Eso parece poco. Procediendo, como procede, de las filas de la Junta de Extremadura, más bien parece un castigo de Juan Carlos Rodríguez Ibarra a Zapatero. La contestación en las organizaciones que caminan prietas las filas es así, disimulada y aparentemente casual. Trujillo, que no tiene límites, puede superarse cada semana. ¿Qué nos dirá la próxima? Su comprensión de los okupas la incluye en las antologías del disparate nacional en el que, por cierto, los talleres de encuadernación no dan abasto en la tarea. Lo cierto es que María Antonia Trujillo es una «forma alternativa» de ministro/a en un Gobierno responsable. Ella misma es una okupa, con secretaría y coche oficial, en la esquina madrileña del Paseo de la Castellana con Joaquín Costa. POR M. MARTÍN FERRAND
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