sábado, 11 de octubre de 2014

EL FALANGISTA QUE LLAMÓ TRAIDOR A FRANCO

Ocurrió hace 19 años. Es una historia desconocida para el gran público, silenciada, como
tantas otras, de la que los periódicos de aquella época no publicaron una sola línea. Y lo
cierto es que Román Alonso Urdiales es el único español condenado por llamar traidor a
Franco en su propia cara.
Entonces Román tenía 22 años, una carrera de Magisterio recién terminada, ocho meses
de «mili» y unas profundas convicciones falangistas. Había ingresado en las Falanges
Juveniles en el año 1950, convirtiéndose en un joven idealista que no soportaba que el
dictador no llevara a cabo lo que los jerarcas fascistas denominaban la «revolución
pendiente». Los que le conocían en aquellos años dicen de él que era «un falangista
puro». desde esa actitud política increpó públicamente a Franco, a escasos metros de
su persona y con «una voz perfectamente audible y potente» -según la sentencia que le
condenó-, durante los funerales que por el fundador de Falange, José Antonio Primo de
Rivera, se celebraban en medio de un impresionante ritual fascista, en la basílica del Valle
de los Caídos.
Machacado literalmente por quienes regían los destinos de una organización fascista en
cuyo ideario él creia honestamente, Román vive hoy dedicado exclusivamente al ejercicio
de su profesión de maestro, intentando rehacer una vida que quedó truncada el 22 de
noviembre de 1960, por unos hechos ignorados por la prensa de aquellos años, sometida
a la implacable mordaza impuesta por el Ministerio de Información.
Era la segunda vez que el aniversario de la muerte del fundador de la Falange se celebra
en el Valle de los Caídos, en cuya basílica se hallaban sus restos mortales, una vez
trasladados desde El Escorial. Y allí estaban los «grandes» del régimen franquista, desde
los miembros del Gobierno, como Alonso Vega, Sanz Orrio o Solís, hasta los «mandos»
del aparato fascista, como Jesús López Cancio, jefe nacional de la Juventud, Jesús
Aparicio Bernal, jefe nacional del SEU o Rodolfo Martín Villa, jefe del SEU de Madrid,
todos ellos vestidos con el tétrico uniforme negro «de diario», al igual que Franco, como
correspondía al boato y ceremonial de las grandes manifestaciones fascistas.
También estaba allí Román Alonso Urdiales -hasta unos meses antes jefe de Falange
del Hogar Juvenil San Fernando, sito en la plaza de España- con camisa azul y corbata
negra.
La noche anterior había acompañado a la corona que sería depositada esa misma
mañana ante la tumba de José Antonio Primo de Rivera. Y, aunque no tenía intención de
asistir a los funerales, al final se decidió a comparecer a una cita a la que no había faltado
en los últimos años.
Cuando Franco entró en la basílica, bajo palio como de costumbre, Román estuvo a punto
a espetarle la acusación de traidor al pasar por el pasillo humano, en una de cuyas
primeras filas se encontraba. Pero se contuvo, «no por falta de agallas», como dice Daniel
Sueíro en La verdadera historia del Valle de los Caídos. Las razones fueron otras. «Yo iba
a gritar "Franco eres un traidor" cuando pasaba entre nosotros, pero me di cuenta de que
los murmullos que se levantaban a su paso iban a apagar mi voz. Entonces, pensé que lo
mejor era esperar el momento de la consagración para que se me oyera. Y así se lo dije a
mi amigo José Luis, para que se marchara de allí, porque se iba a armar un follón muy
grande ...»
Cuando, finalmente, lanzó su acusación al dictador, su voz resonó con energía en la cripta
del Valle de Los Caidos. Gracias a la escenografía fascista, el momento que habia
escogido no podia ser mejor para que sus palabras se escucharan con nitidez. Se habian
quedado todas las luces y un potente foco iluminaba únicamente al sacerdote que oficiaba
las honras fúnebres. No se escuchaba ni el vuelo de una mosca. Y justo en el momento
en que el sacerdote elevaba la hostia, Román gritó con fuerza: «iFranco, eres un traidor!»
La conmoción que se produjo fue impresionante. E inmediatamente los lacayos del
dictador se lanzaron a la busca y captura del «subversivo». «Cuando vino la policia
detuvieron a mi amigo José Luis ... No se fijaron en mí, no sé, creo que porque en aquellos
años yo tenia una cara de inocente tremenda. Entonces, al ver que se llevaban a mi
amigo fui yo quien me presenté a ellos y les dije que había sido yo, que no buscaran a
nadie más y que José Luis no tenía nada que ver. Franco creia que se trataba de una
conspiración y quería encontrar a todos los que supuestamente formábamos parte de ella.
A mi amigo le encontraron una pistola encima y le tuvieron tres meses y pico en la cárcel
de Carabanchel; luego le soltaron.»
Efectivamente, el dictador estaba convencido de que la actitud de Román era el resultado
de una conspiración fallida y así se lo diría a su secretario y primo hermano, el teniente
general Franco Salgado-Araujo, según refiere éste en Mis conversaciones privadas con
Franco. El comentario del dictador fue el siguiente: «Al ir a alzar el sacerdote la Sagrada
Forma un falangista llamado Román Atonso Urdiales dio un grito y oí la palabra Franco.
Yo creo que ese falangista iba confabulado con otros y al ver que no contestaban a la
exclamación bajó el tono de voz y por eso no oi el resto. Lo que agrava el asunto es que
dicho individuo es soldado y presta sus servicios como escribiente en el Gobierno Militar;
sin duda, debe de tener alguien que le protege cuando falta a la oficina sin que le llamen
la atención. Es de la carrera de Magisterío, hijo de un guardia civil que en nuestra guerra
estuvo en zona roja y que, por no haber tenido ninguna responsabilidad en su actuación,
continúa prestando servicio en el Benemérito Instituto. No se cree que haya influido para
nada en la actitud de su hijo, sin duda influido por otros compañeros no contentos con la
actuación del partido y su marcha política. El individuo debe tener cómplices, desde luego,
pero éstos no se atrevieron a contestar su grito ...»
Cuando le llevaron en presencia del entonces director general de Seguridad, Arias
Salgado [sic], éste le preguntó por qué había dicho aquello. Y Román le replicó: «Porque
yo no vivo del régimen, como usted.»
El interrogatorio del que años más tarde seria sucesor del dictador en la Jefatura del
Gobierno se acabó ahí. Y, sin más demora, fue trasladado a la Dirección General de
Seguridad. «En la DGS me dieron muchas palizas. Se ha dicho que no, pero es verdad.
Recuerdo que más tarde, cuando fui conducido a la cárcel de Alcalá de Henares, pasé
varias semanas con un dolor fortísimo en las mandíbulas. El dolor se debia a los
tremendos puñetazos que recibi en la DGS. No me torturaron, pero si me golpearon
muchas veces ...»
Cuando la detención de Román Alonso Urdiales fue conocida, la reacción generalizada
en ignorar su misma militancia en Falange. A decir verdad, los jerarcas se
querian «quitar el muerto de encima». Así, José Luis Alcocer recuerda en su Radiografía
de un fraude que «daba grima ver lo que pasó después de la detención de Román. Los
mandos nacionales se daban mutuamente la enhorabuena porque "el chico no era suyo".
Sólo Jesús López Cancio, a la sazón delegado nacional de la Juventud, estaba sombrio.
Jesús Aparicio Bernal, entonces jefe nacional del SEU, se felicitaba y felicitaba a Rodolfo
Martín Villa porque no había sido un estudiante.»
«La Falange me dio la espalda y cuando fui detenido los mandos negaron que yo fuera
falangista ... El único que me fue a visitar a la prisión de Alcalá de Henares fue el padre
Gamo. Él era en aquella época capellán del Frente de Juventudes. Y muchas veces ha
dicho que se hizo revolucionario por mí...»
Por su condición de «quinto», Román fue procesado por la jurisdicción militar.
Concretamente por el Juzgado Militar especial Nacional de Actividades Extremistas, al
frente del cual se encontraba como juez especial, el tristemente célebre coronel Eymar. Y
un mes después, el 20 de diciembre, comparecía ante un Consejo de Guerra, defendido
por el letrado Pedro Martín Fernández, comandante del Arma de Caballeria y Vieja
Guardia de la Falange.
En el Consejo de Guerra, y ante una sala de los juzgados militares de la calle del Reloj
completamente abarrotada, Román explicaría los motivos de su conducta. «Fui al Valle de
los Caidos porque para los falangistas todo lo de José Antonio es como un imán; hay que
ir. Con mi grito quise protestar ante la Falange oficial, porque no cumple ... Están
aburguesados y son pancistas. Y por eso se lo dije al Jefe Nacional. Le llamé traidor
porque no cumple con lo que la Falange prometía. La Falange está traicionando su
doctrina ...»
Para el abogado Martín Fernández, la actuación de Román Alonso Urdiales tenia que
verse «desde el ángulo de la Falange». Su defendido no había insultado al Jefe del
Estado, sino que elevó una protesta ante el Jefe Nacional de la Falange, en un acto de
entraña falangista al que Franco acudió vistiendo el uniforme de la Falange. «Mi
patrocinado --<lija el letrado Martín Fernández- protestó ante el Jefe Nacional, bajo el
tuteo de la Falange: "Franco, eres ..." Franco es trino de cargos: jefe del Estado,
Generalísimo y Jefe Nacional de la Falange. Si los hechos se produjeron dentro de la
órbita del partido. ¿Por qué va a ser el Ejército o los tribunales civiles quienes juzguen?
No. Que sea la Falange quien sancione y castigue.»
En otro momento de su intervención, el abogado intentó llevar su defensa por otros
derroteros, pero Román se lo impidió. «Mi defensor intentó hacer ver que yo no habia
llamado traidor a Franco, que yo dirigía mis palabras contra aquellos que le rodeaban.
Pero yo me levanté y dije que aquello no era así. Creo que el abogado hacía eso para que
me rebajaran la pena, pero yo no estaba de acuerdo con esa defensa.»
Sin embargo, de nada sirvieron todas las alegaciones que la defensa presentó ante el
Consejo de Guerra. Según cuentan quienes vivieron aquellos momentos, Franco no podia
permitir que un insulto a su persona -y mucho menos en su persona- quedara impune.
el Consejo de Guerra primero y el capitán general de Madrid después, el general
Rodriga, dieron por buenas las conclusiones definitivas elevadas por el fiscal: 12 años de
prisión mayor e ingreso en una unidad disciplinaria del Ejército, como autor de un delito de
«injurias al Jefe del Estado y a un superior militar», con el agravante de haberlas proferido
en «un lugar sagrado» y en su presencia.
De la DGS, Román fue trasladado a las cárceles de Carabanchel y Alcalá de Henares.
Más tarde, a un batallón disciplinario, en el desierto del Sáhara: Smara, Hausa, Villa
Cisneros, El Aaiún ...
«Alli pusieron junto a mí a dos agentes franquistas, miembros del Servicio de Información
Militar, que se hicieron pasar por militantes comunistas. Eran dos tipos muy preparados y
me engañaron. Quizás ahora me hubiera dado cuenta antes de quiénes eran en realidad.
Pero, en aquel momento, me creí que eran lo que decían e, incluso, me hice amigo de
ellos. No obstante, un día me percaté de que no eran sino dos policías ... Algún día
contaré cómo me di cuenta de ello. Luego, estuve dos veces en el pelotón de castigo; por
dar la cara. Aquello fue realmente terrible. Porque si ya era duro el batallón disciplinario,
aquello era mucho peor aún...»
A finales de 1965, Román Alonso Urdiales recobraba la libertad. Había cumplido cinco
años de condena y, finalmente, había sido uno más de los beneficiados por el llamado
«indulto del Papa».
Antes de ser detenido, habia aprobado las oposiciones para una plaza de maestro. Sin
embargo, tuvieron que pasar doce años para que pudiera comenzar a ejercer su
profesión ... «Cuando recobré la libertad estuve tres años y medio sin encontrar trabajo
alguno. Sobre mi se cernió un boicot total. Y los amigos -esos amigos por los que yo
hubiera dado la vida- me negaron su ayuda. Fui a visitar a muchos de ellos, algunos
directores de grandes empresas. Pero ninguno me echó una mano. Supongo que fue por
el miedo, por las presiones de la policía. Pero todos ellos me dieron la espalda.»
Al mismo tiempo, el estigma del condenado político rodeó todos sus movimientos,
alargando en la vida cotidiana los horrores de su período de encarcelamiento. «Al volver a
mi casa, se presentó la policía y advirtió al portero del edificio que yo había estado
detenido y que acababa de salir de la prisión. Y el portero lo fue diciendo piso por piso,
previniendo a los vecinos de mi presencia, sin explicar los motivos por los que había sido
condenado, y creando una atmósfera hostil en torno a mí, como si yo fuera un
delincuente ...»
Al final, se vino abajo. Las secuelas de los padecimientos soportados en el batallón
disciplinario saharaui y el boicot que tuvo que padecer en su vida profesional le
acarrearon serios perjuicios para su salud, que quedó seriamente quebrantada. Y el16 de
enero de 1976 Román Alonso Urdiales fue internado en un psiquiátrico, en donde
permaneció durante algún tiempo.
Ahora, a los 41 años, acaba de comenzar su labor docente en un colegio nacional de
Madrid. Antes había ejercido su profesión en Colmenar de Oreja, un pueblecito cercano a
Chinchón, en donde los alumnos y sus familiares le consideraban «un sabio y un santo».
Diecinueve años después de aquel 20 de noviembre a Román sólo le interesa su
profesión y, en sus horas libres, hacer tallas de madera y poesías, lo mismo que antes de
ser detenido. Pero no quiere saber nada de la política, «pasa de política», a pesar de los
ofrecimientos que le hicieron diversos partidos políticos. Y mucho más de la Falange. «Yo
ya no soy falangista. No reniego de ella, porque no se puede renegar de aquello que se
ha amado y yo amé mucho a la Falange. Pero he superado sus teorías y, además, creo
que no tiene nada que hacer hoy. Para mí, en aquellos años, la Falange eran unos
cuantos que estaban viviendo a costa de ella y otros que daban todo por ella ... Ahora, yo
creo en la igualdad total, en que se dé a cada uno según sus necesidades. Creo que es
injusto que existan clases sociales, unas opresoras de las otras ... Pero no soy marxista ni pertenezco a ningún partido.»
J. GRANDE
(Inteviú, 20 de diciembre de 1979]
Por cortesía de la Cofradía de la Cuchara de Hierro

3 comentarios:

  1. JarabeAuténtico dijo

    Gracias por traernos este testimonio tan necesario hoy en día como en 1960.
    Gracias al camarada Román y a todos aquellos que con su ejemplo, entre el silencio y la incomprensión, mantuvieron viva la luz del falangismo frente a los impostores y los traidores.

    27 Abril 2007 | 10:19 AM

    ResponderEliminar
  2. Miriam dijo

    Sigfredo Hillers, testigo directo, data el suceso en 1959:

    "SUCESOS EN EL VALLE DE LOS CAÍDOS. 20 DE NOVIEMBRE DE 1.959

    Tuvieron lugar en el primer funeral por José Antonio que se celebró en la Basílica del Valle de los Caídos (la inauguración oficial había sido el 19 de Abril 1959).

    Durante la consagración, en la misa-funeral, se apagaron todas las luces del templo (únicamente un foco, desde la cúpula, iluminaba el crucifijo del altar). Urdiales, de paisano -no de uniforme- desde uno de los bancos donde se sentaban los invitados oficiales, gritó a pleno pulmón: "Franco, eres un traidor"'. Las Centurias del Frente de Juventudes y le la Guardia de Franco formaban mas atrás: desde los bancos hasta la puerta de entrada, así como en la explanada v escalinata delante de la entrada al templo.

    Urdiales fue detenido "in situ" y llevado por dos policías (de "camisa azul" claro). De haber estado en formación: en filas, dentro de una centuria no hubiera sido posible. La Jefatura Provincial del Movimiento de Madrid -al igual que en el anterior informe de Mendoza Guinea, de 1955- por quitarse "el muerto" de encima, ordenan romper cualquier ficha que hubiese de Urdiales en los ficheros de su distrito, y haciendo correr la especie de que no pertenecía a ninguna unidad del Frente de Juventudes (pertenecía efectivamente al Distrito de Latina. Era hijo de un Guardia Civil y, para mayor "inri", estaba cumpliendo el servicio militar. Estudiaba -o ya había terminado- la carrera de Magisterio. Estuvo encarcelado en Alcalá de Henares. Poco después de su encarcelamiento, una centuria de la Escuela Provincial de Mandos de Madrid, le rindió homenaje, desfilando delante de los muros de la cárcel, etc. etc. Después de salir de la cárcel -no recuerdo el número de años- se le retuvo el pasaporte-tampoco sé por cuántos años.

    Desde entonces, en años sucesivos, nunca volvieron a apagarse las luces. Se iluminaba además con el foco "extra" el crucifijo durante la consagración."

    http://usuarios.lycos.es/camarada/

    27 Abril 2007 | 10:33 AM

    ResponderEliminar
  3. Larramendi dijo

    Gracias por este testimonio de la valentía de un falangista , víctima de la represión del dictadorzuelo felón, víctima de la represión del peor enemigo que nunca ha tenido el falangismo.

    En memoria de todos aquellos que dieron vivas a "Falange sin la T", de los que gritaron "Falange sí, Movimiento no" y en memoria de Aquél que quién sabe si pudo ser salvado por el traidor del Pardo o incluso si no fue vícttima de su condena.

    27 Abril 2007 | 06:27 PM
    RAESVIC
    RAESVIC dijo

    Seria una labor apasionante intentar contactar con falangistas que protagonizaron acontecimientos mas o menos sonados y recopilar su vivencias, para que formen parte de la historia del movimiento falangista.

    28 Abril 2007 | 12:07 PM
    Respuesto
    Respuesto dijo

    Larramedi, el del Pardo nunca pudo ser un traidor porque nunca fue falangista

    29 Abril 2007 | 12:44 AM
    Larramendi
    Larramendi dijo

    En contestación a Respuesto: Franco fue un traidor a España y a lo que decía defender, a la camisa azul que vistió, a los símbolos que utilizó su Régimen y al Preso revolucionario asesinado en Alicante al que pudo salvar y por el que no movió ni un dedo.

    Por supuesto que el dictador derechista y monarquico no fue falangista.

    "Traidor" fué lo que le llamó el camarada Román Alonso Urdiales: según tú nos eqivocamos los dos.

    29 Abril 2007 | 02:36 PM
    julio lópez
    julio lópez dijo

    Sobre si Franco pudo o no salvar a José Antonio hay testimonios diversos, y bastante contradictorios. Es curioso que Ricardo de la Cierva en su libro 'Historia esencial de la guerra civil española' se refiera a un proyecto inglés que el gobierno de Burgos desautorizó, según fuentes del entorno de Juan de Borbón. Pero por otra parte parece innegable que el mismo Franco dió su visto bueno y financió el intento llevado a cabo por Agustín Aznar que, con un comando falangista, llegó hasta Alicante aunque tuvo que desistir de su empeño. También algunos ministros del gobierno de Largo Caballero contaron después de la guerra que se intentó el canje de José Antonio por el hijo de aquél, pero Largo, que era un estúpido redomado, se negó haciéndose el digno y queriéndoselas dar de Guzmán el Bueno. En fin, que la cosa no está del todo clara, y convendría investigar desapasionadamente este tema, para que aflorase la verdad y todos supiéramos definitivamente qué se hizo o no, o qué se pudo hacer realmente.

    29 Abril 2007 | 11:28 PM

    ResponderEliminar