viernes, 10 de octubre de 2014

La juventud falangista, hoy

Por Santiago FERNANDEZ OLlVARES 1ºDelegado Nacional
Vivimos una época de decadencia nacional.
Estas épocas desembocan históricamente en la Revolución. Durante este tiempo de crisis mo­ral. la juventud apenas si existe como factor politico; pues, es fácilmente reabsorbida o por el materialismo que la circunda, o por el consumismo que estas épocas crean como dro­ga.
Necesitamos con urgencia, preparar a la ju­ventud falangista para la época de transforma­ción que se avecina y terminar con el proceso de descomposición actual de nuestra Patria, dando paso, a un sistema mejor, donde la dignidad humana, la libertad y la justicia sean los signos de la convivencia nacional.
Ante el fracaso político de los falangistas de la primera y segunda' generación. sólo los jóvenes pueden ser el brazo impulsor de la Revolución Nacional y la conciencia operante para llegar a metas de plenitud.
La juventud falangista tiene que convertirse desde ya, en sujeto primordial y protagonista de la Nueva Falange o los bárbaros volverán a ta­ponar el camino de la civilización cristiana.
Nuestra juventud ha de actualizar la doctrina nacionalsindicalista, hoy fosilizada desde los años fundacionales y acabar con los tópicos en. los que la convirtieron aquellos que la utilizaron como bandera pirata para engañar a nuestro pueblo.
Deben recoger de la primitiva Falange la corrección lírica, el estilo y la profundidad metafísica y religiosa.
De las JONS, su espíritu revolucionario y social.
El Nacionalsindicalismo en cuanto doctrina falangista no morirá nunca, porque las ideas unca mueren, pero nuestra juventud habrá de preparada para superar los siguiente peli­gros:
1.° Creer que todo en la doctrina es núcleo esencial, y por ello, caer en la in transigencia del dogmatismo.
2.° Creer, por el contrario, que no hay nada fundamental y que, por tanto, todo puede ser cambiado, cayendo en el oportunismo o cha­queterismo que tanto mal nos ha hecho.
Del dogmatismo o integrismo tenemos prue­bas sobradas en nuestra historia, ya que muchos pretendieron elevar a la Falange a una religión o mística, haciéndose tan exclusivista que nos alejaron del logro revolucionario prometido a nuestro pueblo.
Del oportunismo. tenemos un amplio mues­trario, desde los simples traidores; a aquellos otros que quisieron hacemos creer que el Na­cionalsindicalismo era una especie de democracia-social cristiana.
La Falange es lo último de liberalismo y algo nuevo. Lo ùltimo del socialismo magnificado con el sentimiento de lo nacional. Por ello, el Nacionalsindicalismo es una doctrina inacaba­da, pero singular y ejemplar, distinta a todos los demás pensamientos políticos actuales.
La juventud tiene que ser revisionista y ejercer la crítica con gallardía y eficacia, pues hemos de colocar cada cosa en su sitio y separar el hecho falangista de los demás hechos nacio­nales, en cuyo con texto nos hemos movido. Esta postura traerá deserciones por conveniencia o simple nostalgia, pero La Falange tiene que estar por encima de cada falangista y aún de todos los falangistas juntos; si queremos ser fieles a nuestra misión política.
Nuestro pensamiento político ha atrave­sado las siguientes fases:
1." Del año 31 a136. Ilusiones a priori. 2." Del año 36 al 42. Ilusiones en falso.
Entusiasmo.
3." Del año 42 al 45. Ilusionados a posteriori.
4." Del 45 al 53. Desilusionados por la realidad.
5." Del año 53 al 59. Funcionarial uti­lizable.
6." Del año 59 al 65. Frustración deserción. División.
7." Del año 65 a1 75. Simples comparsas.
Con testación.
8." Del año 75 a1 83. Inmovilismo.
Actualmente se está produciendo un movi­miento de unidad y búsqueda de las esencias que, si sabemos servirlo con entusiasmo, con­vertirá a La Falange en el pensamiento nacional y social de España.
Ese es el reto de la juventud falangista de hoy.
Para lograrlo, debemos sustituir el gusto por los desfiles. uniformes, concentraciones, mítines, etcétera. que es en el fondo una postura romántica. aunque respetable, por el estudio serio de la doctrina. Por la búsqueda de nuestra identidad. Por la organización en profundidad de nuestros afiliados y. por un enfrentamiento, con el marxismo, no con la violencia de las ar­mas. sino con los principios de nuestro pensa­miento que por ser nacional y social, es español y universal.
Hoy. es necesario y posible el ser falangista sin apellidos. Basta de pactos que sólo nos han destruido presentando la limpia bandera de La Falange, como una facción de la derecha y antirrevolucionaria. Lo nuestro, es la consecu­ción de la Revolución Nacional. Lo demás. o es traición o es ignorancia.

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