¿Dónde está la "democracia" que pregonan derecha e izquierda?
No deja de ser divertida la insistencia de derechas e izquierdas que hablan de "la libertad". Para ellos "la democracia" es signo de "libertad"; más aún, son palabras intercambiables.
Federico Jiménez Losantos repite una y otra vez que lucha por "España y la libertad", y hasta en su libro sobre Barcelona se presenta como "antifranquista", a título de diploma de luchador por "la libertad".
Así, la democracia, lejos de ubicarse como un régimen más de la vieja tradición aristotélica –democracia, monarquía, tiranía, etc-, un régimen como otro cualquiera en definitiva, resulta que ha devenido tótem. Y lo de "tótem" viene porque existen argumentos más que suficientes para aducir que el gobierno real del pueblo ha sido secuestrado no se sabe bien por quién. Todo se convierte en pura apariencia, al tiempo que los intereses del pueblo son sustituidos por los de elites totalmente ajenas al control democrático, unas elites cuyos intereses son bien diferentes de los de las masas populares a las que dicen representar.
Mariano Rajoy propone un recorte fiscal importante capaz de liberar recursos cautivos de la presión fiscal y derivarlos hacia el consumo. Sin embargo, nadie parece advertir que el BCE tiene en su mano restringir la oferta monetaria y la financiación creciente y abundante, manejando los tipos de interés. A este respecto, los intereses que fija el BCE tienen un efecto regulador sobre el propio Euribor. ¿Por qué ningún político europeo se atreve a llamar al orden al sector financiero? ¿Por qué nadie denuncia las ingentes sumas de dinero que se mueven y se perpetúan en los mercados especulativos internacionales, totalmente al margen del sector productivo real? Los efectos criminales de esta falta de liquidez –que beneficia solamente a los que se viven de un dinero escaso y caro- pasan desapercibidos a todo el mundo y ni siquiera figuran entre los temas favoritos de los "creadores de opinión".
Otro ejemplo: el recientemente creado partido de Rosa Díez se ha encontrado con que la financiación que los bancos proporcionan generosamente a los partidos políticos al uso, es negada por esos mismos bancos a la recientemente creada formación. Si prestar dinero a los partidos fuera un mero negocio bancario más suponemos que los bancos estarían muy felices de prestárselo a otro cliente recién llegado. Pero no es así. Los hechos inducen a pensar que los bancos pagan para ejercer su influencia. Y aún más: ¿Por qué es necesario recurrir a los bancos para impulsar a organizaciones que teóricamente son "representantes del pueblo" en régimen de oligopolio? Pues porque son, en primer lugar, organizaciones minoritarias con representación real casi nula entre la ciudadanía y, en segundo lugar, son construcciones de poder que emanan desde arriba: si no concurre el poder y el interés de los que ejercen el control del dinero, no ha lugar para la "representación" efectiva del pueblo.
Entonces, ¿qué libertad es esa que me ata por el bolsillo y frente a la cual no tengo ningún poder de defensa? ¿Cómo puedo garantizar mi libre concurrencia a la arena política si ello depende de que unos señores, a los que nadie eligió, me concedan "generosamente" su aquiescencia? Si a esto se añade la absoluta falta de democracia interna en la mayoría de los partidos y sindicatos, el monopolio de la representación popular por los partidos, la influencia de mastodónticos "lobbies" políticos y mediáticos o los absurdos electorales que propician las diferentes leyes de representación, nos encontramos con que la ecuación "democracia = libertad" debe ser seriamente matizada y corregida. Piénsese en lo poco que cuentan los partidos políticos en la propia vida personal. En España, el número de militantes de todos los partidos y sindicatos juntos posiblemente no llegue ni al 10% de la población. Sin embargo se nos dice que sin ellos no hay libertad posible al tiempo que se nos niegan cosas elementales como el derecho a una vida económicamente digna y a hacer oír nuestra voz, todo ello precisamente en nombre de la libertad.
En definitiva, ¿no será el recurso retórico a la "libertad" la coartada perfecta para imponer una esclavitud progresiva? Sin duda, antes que apostar acríticamente por un método formal, nuestro sistema político haría bien en apostar por los contenidos de justicia y verdad de un sistema cuyas formas exteriores son quizás lo menos relevante. EDUARDO ARROYOwww.elsemanaldigital.com
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